Nuestra transformación familiar:
¡cuando aprendimos a mirar lo que nuestras hijas estaban viviendo!
La crianza no viene con un manual de instrucciones perfecto.
Hay momentos en los que, como padres, nos concentramos tanto en corregir
comportamientos, establecer normas o resolver las dificultades del día a día,
que podemos dejar de preguntarnos algo fundamental:
¿Qué está viviendo nuestro hijo por dentro?
Eso fue parte de lo que comenzamos a descubrir como familia.
No queremos compartir nuestra historia como expertos, sino
como una familia que se dio cuenta de que necesitaba detenerse, mirarse
nuevamente y aprender a acompañar mejor a sus hijas.
1. ¿Cómo estábamos antes?
En nuestra casa estábamos atravesando diferentes situaciones que nos generaban tensión. Había dificultades con la comunicación, con los límites y con la manera en que estábamos acompañando a nuestras hijas. También las pantallas habían empezado a ocupar un lugar importante en nuestra dinámica familiar y, en ocasiones, nos encontrábamos más preocupados por corregir una conducta o lograr que cumplieran una indicación que por comprender qué había detrás de lo que estaban viviendo.
Pero con el tiempo empezamos a reconocer algo más profundo: Nuestras hijas estaban creciendo y con ese crecimiento también estaban llegando preguntas, cambios, sentimientos y emociones propias de su edad.
Habían cosas que les estaban causando dolor, confusión o heridas, pero no necesariamente estaban encontrando las palabras o el espacio para expresarlas y nosotros, como padres, no siempre estábamos mirando en esa dirección.
Estábamos intentando resolver lo que se veía por fuera,
mientras algunas cosas importantes estaban ocurriendo por dentro.
Fue entonces cuando comprendimos que necesitábamos algo
más que corregir: necesitábamos aprender a escuchar.
2. ¿Qué empezamos a comprender?
Lo que aprendimos sobre nosotros y sobre Dios:
Entendimos que la comunicación es un proceso que exige una
paciencia constante. En este camino, Dios me enseñó que ser firme no
significa perder el amor ni la cercanía. Comprendimos como es atento con nosotros, nos escucha, no nos juzga y asi debes ser en nuestra familia, que el cambio personal conociendo a Jesús, siempre
es el primer paso para inspirar a quienes nos rodean.
- Lo que hacemos diferente hoy: La comunicación con las niñas ha mejorado notablemente. Hoy disfrutamos de un diálogo mucho más fluido y abierto entre nosotras.
- Cómo nos sentimos ahora: Nos sentimos con más confianza en nuestro rol y con la enorme satisfacción de saber que hemos dado pasos reales y concretos para sanar la dinámica de nuestro hogar.
Todavía hay camino por recorrer. A las niñas a veces se les
olvida seguir las indicaciones a la primera y es necesario recordárselo con
firmeza. Por otro lado, el manejo del celular en pareja sigue siendo un
desafío: aunque yo logré reducir mi uso, a mi esposo aún le cuesta soltar el
suyo y no siempre recibe bien que se lo recuerde.
Seguimos en el proceso, con aciertos y desaciertos, pero trabajando juntos día a día para lograr ese equilibrio que deseamos para nuestra familia.
Escrito por.
Familia CDA Barranquilla